Primero debo decir que el mito de que en Gualeguaychú estás en un toque no es tan así. Nuestro colectivo paró mil veces, incluso en lugares donde no había signos de vida aparente. Luego de unas horas que se hicieron bastante larguitas llegamos a una terminal muy bonita donde lo primero que nos recibió fue un No a las Papeleras gift-shop. Nada que decir al respecto, es más, me compré la remera y la luzco con orgullo. Nos tomamos un taxi que nos dejó en la entrada del "Complejo termal" o como terminé llamándolo yo "un-lugar-que-podría-estar-buenísimo-pero-por-un-motivo-extraño-no-lo-está". En fin, check in, pago, llave, cabaña, botella de fernet, surtido de fotos boludas y a la cama para esperar al otro día y así poder usar las piletas.
Debo decir que el clima nos ayudó ya que estuvo fabuloso todo el tiempo. Quizás un poco frío a veces, pero nada que Lucas, Maxi y yo no podamos soportar. Ricardo ya es otra historia... pobre cristiano, su Belem natal lo tiene acostumbrado al calor más extremo los 365 días del año y para él Buenos Aires queda una estación de subte antes que la Base Marambio. Ese día pasamos la mañana en las piletas, nos fuimos al centro de la ciudad, comimos como chanchos, lamentablemente fuimos testigos de la desaparición de un nene en el río, entre otras cosas.
Pileta va, pileta viene, nuestros dos días se pueden resumir en esta pequeña seguidilla de fotos auspiciada por la Secretaría de Turismo de otros lugares que no son Gualeguaychú.
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